Al escuchar las palabras de Dalton, de inmediato la castaña puso ambas manos sobre su pecho y lo empujó lejos de ella, mirándolo con desdén.
—Él es mi mejor amigo y te prohíbo terminantemente que le pongas una mano encima— Espetó la joven señalándolo con su dedo acusador.
Dalton sonrió amargamente y se sacudió el traje como si está lo hubiera ensuciado con solo tocarlo, abrió su boca para replicar, pero fue interrumpido por Mía, quien quería que le diera su merecido a esa trepadora que había co