Dalton sujetó a Damián por el cuello y lo levanto de un tirón sin demasiado esfuerzo, con el rostro enrojecido por la ira, apretó su agarre alrededor del cuello de Damián, quien luchaba por respirar; el aire se sentía pesado y cargado de peligro. Los ojos de Dalton brillaban con una mezcla de furia y determinación, mientras que Damián, sorprendido y asustado, miraba a su alrededor en busca de una manera de zafarse.
—¡No te atrevas a tocarlo! —Gritó Dalton, su voz resonando como un trueno a pesa