242: Solo ellos
Samuel y Gabriel pasaron toda la tarde a solas, la habitación estaba sumergida en una penumbra cálida y la luz tenue del atardecer se filtraba por las cortinas pintando las paredes de tonos dorados. El aire olía a madera y a algo íntimo, a piel y a recuerdos compartidos. Samuel seguía sentado al borde de la cama, con todos sus músculos tensos bajo la camiseta ajustada que delineaba cada curva de su torso. Sus manos, fuertes y marcadas, descansaban sobre sus muslos, con los dedos ligeramente flex