El sonido de un electrocardiograma marcando un ritmo constante y el leve olor a desinfectante envolvían la habitación oscura. Dalton abrió los ojos lentamente, cada parpadeo más pesado que el anterior, como si estuviera emergiendo de un sueño febril. Sus pupilas vagaron por el lugar hasta que notó a una figura de pie junto a la cama. Alfa, con su rostro imperturbable, lo observaba en silencio, como un depredador evaluando a su presa.
Dalton se incorporó con dificultad, sintiendo un leve mareo qu