222: No ha hecho mas que destruirme
El rugido del motor de la camioneta blindada era el único sonido constante en el viaje de regreso. Las sombras de los árboles proyectadas por los faros parecían danzar grotescamente en el parabrisas mientras el vehículo avanzaba a toda velocidad por la carretera desierta, con rumbo a la ciudad. Dentro de la cabina, el aire estaba cargado de una tensión casi palpable. Gabriel seguía mirando por la ventana, pero sus ojos no se enfocaban en nada. Su mente era un torbellino de imágenes, recuerdos y