El parpadeo del dispositivo iluminó tenuemente la expresión de Samuel, desprovista de cualquier rastro de vida. Gabriel sintió una punzada en el pecho, una mezcla de furia y desesperación que casi lo hizo bajar el arma. Pero no podía permitirse ese lujo; no con lo que estaba en juego.
—¡No te acerques! —Le advirtió Elena, con su voz afilada como un cuchillo mientras levantaba una mano para detener a Gabriel. Sus ojos estaban fijos en el detonador, analizando cada detalle con la precisión de un c