Martínez se encontraba en una habitación oscura en un escondite temporal, el eco de los pasos del grupo aún resonaba en su mente. Había fallado en su misión de capturar a Alice, Dalton y el resto. Su respiración era pesada y cada segundo que pasaba sentía el peso de la responsabilidad aplastándolo. Con manos temblorosas, sacó su teléfono y marcó el número de Alfa.
El tono de llamada retumbó en sus oídos, cada segundo prolongándose como una eternidad. Finalmente, la voz de Alfa, fría y autoritar