Alice, con lágrimas en los ojos, suplicó a Samuel que no siguiera adelante con su decisión.
—Por favor, Samuel, no lo hagas. No queremos perderte. —Imploró Alice con lágrimas en los ojos y su voz llena de angustia.
Pero Samuel, decidido y dolido, se mantuvo firme en su postura.
—Lo siento, mamá, pero esto es algo que debo hacer. Necesito liberarme de todo esto. Y me cansé. —Respondió Samuel, con voz fría.
La situación fue tan intensa que Alice, abrumada por la ansiedad, se desmayó. Dalton, sorp