Dalton abrió la puerta de su hogar, sintiendo la familiaridad del lugar, pero al instante se dio cuenta de que algo no estaba bien. El ambiente era pensado y cargado de una energía que le resultaba ajena. Alice, su amada, estaba en la sala, rodeada de cajas y maletas, empacando las cosas con una determinación que lo dejó helado.
—¿Alice? ¿Qué está pasando? —Preguntó Dalton con su voz llena de confusión y preocupación.
Ella levantó la vista, sus ojos reflejaban una mezcla de tristeza y firmeza.