19. KARAOKE
Mientras Isabella se cambia la ropa, me quedo disfrutando un poco más la vista del lugar y las ráfagas de aire fresco que la marea trae consigo. El vino desapareció hace ya un rato y tal parece que ha sido del gusto de Isabella. Yo no tengo que cambiarme; mi ropa es cómoda y solo me deshice de mi chaqueta al bajar del avión y desabroché los primeros botones de la camisa para sentirme más relajado.
—Un mes, tengo un solo mes para hacer que esta locura funcione —me recuerdo en voz baja.
La noche