C122-ROJA Y PERFECTA
Afuera, Tristan y Lucelia caminaban por los jardines de hielo bajo la luz plateada de la luna. Las esculturas de dragones helados brillaban a su alrededor como guardianes silenciosos, y el frío mordía apenas, pero ninguno de los dos lo sentía de verdad.
Habían bebido lo suficiente para que las máscaras se resquebrajaran, no más. Lucelia soltó una risa suave por algo que él había dicho —un comentario tonto sobre cómo se había caído de un dragón cuando era niño—, y Tristan la