Capítulo 33. Manual del intruso cariñoso.
Pasaron unos días en Verona y la casa del viñedo empezó a tomar una rutina inesperada. Eliot cumplió su palabra: no exigió nada, no presionó. Las mañanas transcurrían con las gemelas correteando por los pasillos, Tarō vigilando el jardín, y las tardes entre juegos sencillos y paseos por el campo. Seiya, aún receloso, se fue soltando poco a poco; dormía con sus hijas, aunque cada noche Eliot encontraba el modo de terminar en la misma cama con alguna excusa inocente —vigilar que no tomaran frío,