Ya casi por media mañana, el intercomunicador volvió a sonar.
—Mónic, el detective Jenkins necesita verte.
“¿Ahora qué querrá?”, pensó.
—Acompáñalo hasta aquí, por favor. Los espero.
Luego de unos minutos, Vera tocó la puerta, dejando al oficial y retirándose a su lugar de trabajo. Mónic y el oficial continuaron dándose el buen día y comenzaron una desagradable conversación.
—Bienvenido, veo que ahora viene solo —le dijo amablemente, mientras notaba que el otro detective no venía esta vez.
—Así