La tarántula, perdón Izma, digo Priscila, hace acto de presencia como todos los putos días.
—Buenos días —saluda por sobre el hombro—, dile a Fabri, que ya estoy aquí. —es raro en ella que salude.
—Buenos días, señora, como usted es tan íntima del señor, pase con confianza —responde Sammy. La mira ceñuda, yo aprieto mis labios para no soltar una sonora carcajada.
—¡Bien! —se va contoneando las caderas, que, por cierto, no tiene.
—Sam —la reprendo.
—¿Qué? —se encoje de hombros sin darle importanc