Capítulo 25
Tiziano me llama para que salga, ya que están esperándome fuera de casa. Stefano, sale del lado del copiloto, nos saludamos con un beso en la mejilla y me sostiene la puerta mientras él se pasa al asiento de atrás.

—Gracias, primo.

—De nada, jefa. —Tiziano rueda los ojos.

—Ya empiezas a lamer botas. —Lo regaña mientras me saluda igual que su hermano.

—¿Qué? —se queja el otro —es mi jefecita de mi corazón— se defiende, los tres reímos. Suspiro de manera audible.

—¿Nerviosa? —pregunta Tiziano sin quitar la vista de la carretera.

—Mucho, no sé por qué. —hago una mueca.

—¿Por el trabajo o por…? —la pregunta queda en el aire al interrumpirlo.

—¡No lo digas!

—¡Vamos! Di, tienes que hablar de esto algún día —regaña Stefano.

—Y ese día no será hoy —me defiendo.

—¡Bien! —dicen ambos al unísono.

—Solo te diré que él ya no está solo.

Escuchar eso me da una punzada en mi pecho. Trago saliva con dificultad y un torbellino de emociones aparece. «Él ya no está solo» revota en mi cabeza
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