capitulo 2

Elena se encontraba en su habitación , absorta en sus pensamientos, cuando la puerta se abrió lentamente, revelando la figura de Leonidas al umbral. Ella se hallaba vestida con un camisón blanco que le daba un aire angelical.

Leonidas, al verla así, quedó momentáneamente cautivado. Sus ojos se encontraron con los de Elena. Un silencio tenso llenó la habitación mientras él se acercaba a ella con determinación.

Sin decir palabra, Leonidas la tomó suavemente por el rostro, sus dedos rozando su piel con un toque tembloroso.

El labio de ella tembló, como si luchara por encontrar las palabras adecuadas para decir en ese momento, pero cuando ella estaba a punto de hablar el apoyo su pulgar sobre su labio.

— No vine para escucharte hablar dijo Leonidas. ¡Siéntate!, exclamó él molestó.

Elena se sentó en el borde de la cama, y lo observó en silencio. Mientras él se acomodaba en una butaca a unos metros de ella.

— Me considero un hombre razonable, pero me gusta tener todo en orden. Mi casa, mi dinero, mi esposa, mis reglas. En mi casa no hay lugar para las confusiones, eres joven y hermosa. Eso tiene sus ventajas pero también sus desventajas. Espero que honres tus votos matrimoniales, vestirás como yo te diga. Iras donde yo te diga y harás lo que yo te diga. Rompe mis reglas y pagarás las consecuencias ¿me has entendido?, pregunto Leonidas.

— Sí señor, respondió Elena.

— Ahora acuéstate dijo él poniéndose de pie para abandonar la habitación, Elena se quedó viendo la puerta, sabía que ese era su habitación su ropa y cosas estaban ahí. Temía por su seguridad

Para sorpresa de ella cayó rendida y se durmió profundamente y volvió a soñar con él, con esos ojos oscuros y esa sonrisa. Alexander le había mentido, solo había jugado con ella.

Cuando despertó estaba sola al mirar la cama noto que alguien había dormido del otro lado.

 Luego del desayuno, Aida le informó que la esperaba una diseñadora en la sala.

Tres horas pasaron a toda velocidad. Elena no tenía ni idea de que se pudiera pasar tanto tiempo eligiendo ropa. La mujer era alta de pelo plateado impecablemente vestida.

—Elena, el señor Mavrogenis la describió perfectamente. Soy la señora Zeferis

le había dicho al verla ingresar.

Elena se había sonrojado por enésima vez en aquella mañana mientras la mujer y sus ayudantes la habían desnudado por completo.

—Es usted muy flaca. No sé qué vamos a hacer comento la señora Zeferis una y otra vez.

Ella había pedido la cuenta de la cantidad de ropa y calzado que se había probado.

—Le dejo aquí ropa informal. Podrá apañarse con ella hasta que lo que modifiquemos este listo en un par de días. A lo que se refería lamujer era a una pila muy bien doblada de ropa y a una bolsa de fin de semana de cuero también llena de ropa.

Elena descubrió que lo que le había entregado para ponerse era una camisola de seda en color caramelo, una falda beis y ropa interior a juego. Completaban el conjunto unas sandalias de tacón bajo griegas, muy sencillas y muy elegantes.

Luego fue el turno del peluquero, donde Elena casi había llorado al ver su largo cabello ser cortado, finalmente estába lista.

Elena observaba la isla era como una prisión en medio del mar penso al ver las enormes rocas

— Señora Mavrogenis, él señor desea verla. Elena la siguió, a su paso podía sentir las miradas de los empleados.

Elena fue guiada a una oficina espectacular al abrir la puerta vio un enorme florero lleno de orquídeas. Al otro extremo, estaba Leonidas tomándose un café y leyendo el periódico. Elena sintió la tensión que había siempre entre ellos

Leonidas la observó detenidamente definitivamente el cambio de ropa y corte de pelo le habían sentado de maravilla.

—Nos vamos dentro de una hora, puedes sentarte anunció Leonidas dejando el periódico sobre la mesa. Hoy tendremos una fiesta, espero que puedas comportarte a la altura.

— Sí, señor dijo ella.

Leonidas se exasperó, se puso de pie y se acercó bruscamente a ella. Asustada Elena retrocedió al sentir el contacto de su mano.

— No lo haces bien Elena, deja de mirar el piso mi esposa no mira el piso exclamó el furioso.

—¿Es que no sé que quiere de mí?, pregunto ella.

— Que quiero de ti en resumidas cuentas, ¡Todo Elena!, exclamó Leonidas. Deja de mirar el piso eres la señora Mavrogenis. Comportarte como tal.

Las palabras de Leonidas resonaban incesantemente en la mente de Elena: "Lo quiero todo". Pero, ¿qué significaba exactamente "todo"? Era una pregunta que se repetía constantemente mientras el paisaje pasaba fuera de la ventana.

Leonidas, con sus 70 años, y ella, una joven de apenas 20, habían sido unidos en matrimonio por imposición de su padre y el mismo Leonidas. Esta situación la hacía sentirse atrapada, sin apoyo.

Las palabras de Leonidas resonaban en su cabeza. También su comportamiento la confundia por un lado le dejaba claro que no aceptaria que su actitud lo pusiera en entredicho y por otro la regañaba cuando se escabullia. También el hecho de que no hubiera ejercido su derecho como esposo la desconcertaba. Elena se preguntaba si él realmente entendía lo que necesitaba y deseaba. La joven se sentía atrapada en una vida que no había elegido y con un hombre que, a pesar de su elegancia y poder, continuaba siendo un enigma para ella.

 Elena se hizo una pregunta ¿ qué pasaba con sus deseos? ¿con sus sueños?.

Esa noche, Leonidas esperaba en la sala, vestido con elegancia para asistir a una cena de gala, la primera a la que asistiría junto a su flamante esposa. La mansión estaba iluminada con luces tenues, y una melodía suave de piano flotaba en el aire.

Mientras tanto, Elena se preparaba para la ocasión en su habitación. Había elegido cuidadosamente un vestido que había separado la señora Zeferis. Era un vestido de seda rojo con detalles de encaje que realzaban su juventud y belleza natural. Se miró en el espejo, preguntándose si Leonidas aprobaría la elección.

En el momento en que Elena descendió la majestuosa escalera de la mansión, Leonidas se volvió hacia ella y su mirada se iluminó. Elena lucía absolutamente deslumbrante, y él no pudo evitar sentir un resplandor de orgullo. Tomó su brazo y la condujo hacia el jardín donde un reluciente helicóptero los llevaría a la cena de gala.

Xander Mavrogenis o Xander Christodoulou como se hacía llamar observaba a los invitados, no le sorprendió que Leonidas se hubiera casado, no por supuesto que no.

 Era la humillación final a su madre, no importaba que su madre ya estuviera muerta ni que la fortuna de Leonidas Mavrogenis hubiera sido construida con la herencia de los Christodoulou.

Incluso llegando al final de su vida Leonidas Mavrogenis, se estaba ocupando en impedir que Xander recuperara lo que a su madre le correspondía y él se lo había jurado, Leonidas Mavrogenis perdería todo lo que había construido y cada día trabajaba veinte horas para eso.

Desde el piso superior vio la llegada del flamante matrimonio Mavrogenis, por supuesto su padre no había tardado en encontrar una joven avariciosa que por un puñado de billetes se casara con un viejo que podía ser su padre o incluso su abuelo, Xander tomo una copa y se mezcló con los invitados tenía deseos de conocer de ver de cerca a la señora Mavrogenis...

El viaje fue en silencio en cuanto ingresaron a la casa Leonidas despidió a los empleados.

Se acercó a Elena y la miró.— ¿Que hacías en ese jardín?.

— Fui a tomar aire.

— ¿Dónde te deje?, pregunto Leonidas doblando el puño de su camisa.

— En el salon respondió ella.

— Te dije que debes hacer lo que yo te pedí.

— Es que no entiendo lo que quiere, exclamó Elena.

—Que en apariencia seas la señora Mavrogenis, no es tan difícil.

— Yo tengo mis motivos, a ti no te importan exclamó Leonidas...

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