Elena se encontraba dormida cuando un sonido seco la arrancó de la oscuridad.
No fue fuerte.
Pero sí… fuera de lugar.
Sus ojos se abrieron lentamente, desorientados, todavía atrapados entre el sueño y la realidad.
Y entonces lo vio, una figura inmóvil. De pie, a los pies de su cama.
La respiración se le cortó.
El corazón empezó a golpearle con fuerza contra el pecho.
Se incorporó de golpe, buscando aire, buscando claridad… y estiró la mano temblorosa hacia el velador.
La luz se encendió