109. En manos del monstruo
Lluvia.
Poco a poco vuelvo a sentir mis extremidades que estaban hechas polvo, mi cuerpo vuelve a formarse a partir de la ceniza que se junta y lo primero que hago es tomar una fuerte bocanada de aire, unos finos labios fríos se posan en mi mejilla y se acercan a mi oído.
— Te extrañé amor mío.
Doy un brinco para alejarme de esa presencia que tenía en la espada y me doy la vuelta, él esta ahí, parado frente a mí, mirándome con eso ojos rojos fijos en mi rostro, tiene esa mirada escalofriante