Claus escudriñó toda la oficina. No vio a nadie y no había lugar para esconderse dado que el despacho era pequeño. Por costumbre, giró el anillo que tenía en la mano. Hizo rodar su silla de ruedas en dirección a la puerta de al lado para preguntar:
—¿Dónde está la señorita?
La secretaria salía en ese momento de la sala de descanso con un café aún humeante. Respondió inmediatamente al oír las palabras de Claus.
—La señorita está en el despacho.
Sin embargo, en cuanto dijo esto, Estrella entró de