Estrella regresó a casa acongojada.
Por lo general, solía ser muy animada, pero al entrar, el mayordomo notó su rostro pálido y se apresuró a preguntar con preocupación:
—Señorita, ¿Te encuentra bien? Estrella volvió en sí de sus emociones, solo negó con la cabeza y subió a la habitación para descansar sin decir nada.
Por la noche, el mayordomo le preparó la cena. Pero cuando tocó la puerta, nadie respondió.
Estrella estaba tumbada en la cama, sin ningún apetito. Solo deseaba permanecer allí en