—Señor policía, de verdad que no sé qué hacen estas cosas en mi cajón —dijo Luna con voz temblorosa, cubriendo su boca con su mano mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Aún fingía ser inocente, tratando de ganar simpatía y evitar sospechas.
Luna era muy hermosa, como una flor blanca, frágil e inocente. Sus lágrimas fácilmente despertaban el deseo de protegerla. Tan pronto como empezó a llorar, algunos compañeros salieron en su defensa, entre ellos, los seguidores habituales y algunos