Aunque los demás no sabían qué contenía esa bolsita, Luna la reconoció. Era un medicamento, ¡el afrodisíaco! Pero lo había limpiado y tirado, ¿cómo era posible que hubiera aparecido en su cajón?
Luna miró al policía y su cara pasó del rojo al blanco.
—Señorita, ¿podrías explicarme esto? —El policía le preguntó en voz baja, temiendo que se asustara. Antes de encontrar pruebas contundentes, no iba a sospechar de nadie.
Como Luna no quería decir la verdad ni se le ocurría qué responder, meneó la ca