Estrella estaba muy confundida, pero no tuvo otra opción más que ceder:
—Entonces, vamos. Eso no me afectará.
Después de obtener el permiso de Estrella, Enzo se sintió muy contento y mostró una sonrisa a su madre.
La señora Pérez solo le reprochó severamente:
—No le causes problemas a la señorita cuando llegues.
—Ya no soy un niño —dijo Claus con descontento.
—Si todavía fueras un niño, no me preocuparía tanto —respondió la señora.
—Señora, tenemos que irnos. De lo contrario, no nos quedará suf