Aquella noche, en el Club Imperial del Sol, Jonathan estaba sentado en el palco del último piso, balanceando suavemente una copa de vino tinto en su mano.
También tenía a una mujer delgada y de piernas largas en sus brazos, luciendo muy elegante.
En ese momento, alguien tocó a la puerta del palco.
Jonathan apartó a la mujer de su regazo, diciendo:
—Cariño, ve primero. Vendré por ti en un rato.
—Burgos, señor—la mujer se aferró pegajosamente a su brazo.
Jonathan le dio una tarjeta antes de