La salud de Rosalía había mejorado y su vitalidad era buena. Yune lloró de alegría cuando se enteró de esto. Los días en que había trabajado duro no habían sido en vano, menos mal que Rosalía despertó, si no, no sabría qué hacer.
—Mamá, no vuelvas a asustarme así —la voz de Yune estaba ligeramente entrecortada mientras tomaba la pálida y vieja mano de Rosalía.
Rosalía también le agarró la mano.
—Tienes que estar siempre preparada, la Muerte no me ha llevado esta vez, quizás la próxima…
Antes de