Nathan
Me sentí devastado, como construcción luego de ser golpeada por una gran bola de demolición: era escombros. Y cometí el puto error de verbalizar mis pensamientos. No fue hasta que la escuché gritar que me fuera y que no volviera a buscarla que fui consciente de lo que había dicho.
«Tienes que dejarlo ir», fueron las cuatro palabras que me condenaron.
Evelyn salió de su oficina echa un mar de lágrimas. La seguí sin saber qué hacer. Me detuve en seco cuando se encerró, en lo que después s