Nathan
Salí de la casa, me dirigí al auto y me senté detrás del volante temblando. Por un momento, dejé de ser el hombre de treinta y seis años y volví a ser aquel muchacho de dieciséis que tomó una decisión desesperada.
Respiré hondo y dejé escapar el aire en un resoplido lento. Cuando me sentí calmado, llamé a Joss y le pedí que me ayudara a contratar un equipo de vigilancia. No me fiaba de Herman ni de Alda, no correría el riesgo de que desaparecieran una vez más. Le advertí que era urgente