Nathan
Eliah no quería irse cuando le dije que era momento de volver, me pidió que nos quedáramos un poco más. Tuve que negarme, me sentía muy mal y necesitaba acostarme. Sujeté su mano y caminé a su lado haciendo un gran esfuerzo, mis piernas pesaban como si estuvieran hechas de hormigón, cada parte de mi cuerpo dolía. No estaba seguro de poder continuar. Si tomaba un taxi para llegar a la posada y perdía la conciencia estando los dos solos en la habitación, ¿quién vería por Eliah?
El miedo he