Nos sentamos en un cubículo. Nos atendió una joven muy amable de piel porcelana y cabellos oscuros, su mirada era dulce y su sonrisa parecía genuina. Ambos pedimos una barquilla, Eliah de chocolate y mantecado y yo de avellanas y vainilla.
Le limpié la boca y las manos cuando terminó su helado media hora después. Salimos de la heladería camino a nuestra casa temporal; conseguí rentar en línea una habitación en una posada usando una identificación falsa. Cuando llegamos, Eliah quiso saber dónde