En menos de quince minutos, llegamos al moderno edificio de ocho pisos, sede principal de Müller Enterprise. Nathan me lleva de la mano al interior y cruzamos el amplio vestíbulo de pisos lustrados, ante la atenta mirada de la recepcionista, quien nos observa con mucha atención sin disimular su sorpresa.
—Buenos días, señor Müller —dice poniéndose en pie cuando comenzamos a acercarnos. Es una mujer muy guapa, parece salida de una revista de modas. Sus labios voluminosos, pintados en un rosa cla