Su rostro se ilumina con una sonrisa tan deslumbrante que me deja cautiva. Él es muy atractivo, además de romántico y apasionado.
—¿Puedo besarte?
—Para besarme no necesitas permiso —murmuro con un hilo en mi voz.
Y, en ese mismo instante, sus labios capturan los míos y me besa con dulzura y veneración. Después me abraza y suspira, tocándome el pelo con suaves caricias.
—Me gusta tenerte entre mis brazos, sentirte tan cerca, olerte —inspira sobre mi cuello provocándome escalofríos—, tocarte