Kamila
Las palabras de Felipe golpeaban contra mí como olas violentas, y yo solo podía ahogarme. Quería haberlo interrumpido, quería gritar que yo también sentí aquel dolor, que yo también morí un poco cada día sin respuesta, pero mi voz estaba atrapada en algún lugar entre mi pecho apretado y mi garganta seca.
Yo apenas lloraba. Eran lágrimas silenciosas, cargadas de un luto por un tiempo que nos fue robado.
Escuchar sobre el tatuaje, sobre su desesperación frente a mi antigua casa, fue como s