Felipe
— Fue en tu cumpleaños de 18 que me hice el tatuaje. Cuando nos mudamos, estábamos en un área más remota; era más difícil que llegara la correspondencia, pues yo necesitaba ir a la ciudad a buscarla. Intenté convencerme de que era por ese motivo que nunca más había llegado una carta tuya.
A cada viaje a la ciudad, mi pecho se apretaba en una expectativa dolorosa, que pronto se transformaba en un vacío ensordecedor al mirar mis manos vacías. El silencio de tus palabras era mi mayor fan