Felipe
Antes de salir del cuarto, yo le di un beso suave en la frente para no despertarla.
Ella suspiró, pero no despertó, así que fui hasta la jardinera en la ventana de mi cuarto y recogí una de las margaritas que pedí a mi madre plantar para mí, pues las veces que intenté por cuenta propia las flores murieron. Yo quería tenerlas para que yo pudiese mirar para ellas todos los días y recordarme de que un día yo iría a reencontrarla.
Busqué las ropas de ella, doblé y dejé en una silla cerca