NO MIRÁNDOTE A LOS OJOS
Mientras tanto en el otro lado de la ciudad, Ivette se mantenía sin aliento y con el corazón caminándole por una cuerda floja que se tensaba a cada segundo.
Se habían quedado solos, incluso Vincent la había besado otra vez, después que la familia Kronos se marchara pero ella aún no podía hablar, ni decir lo que estaba sintiendo ante aquel extraño encuentro que por supuesto no había pensado que a esas alturas ocurriría.
Tampoco fue capaz de retroceder ante esa boca, q