UN MILLÓN DE SORPRESAS
—¿Crees que estará bien?— preguntó Mila preocupada de ver a Vincent en ese estado.
Se había rasurado la barba, y se había bañado, pero allí dormido en el asiento del jet privado, se veía tan cambiado que le costaba creer que era el mismo chistoso y payaso que había conocido meses atrás.
—Estará bien— musito su esposo, pues conocía la fuerza interior de su mejor amigo.
—Es que jamás creí que la boda de Ivette le pegaría tan fuerte— acotó ella, u hizo un gesto de creciente