Delia nerviosa quería que él se alejara, pero al mismo tiempo sentía gran deseo por sus labios que estaban tan cerca. “Edgar detente”.
Edgar sonrió tomándola de la barbilla. “¿Por qué? Delia, no engañes a tu corazón, lo escuchó y lo siento palpitar, así como el mío, sé que todavía sientes algo por mí, sé que hay dentro de tu corazón, ahí una esperanza para mí, solo necesito una oportunidad, ¿Puedes dármela?”. Ella tragó ante sus palabras y miraba fijamente sus ojos, esos ojos que tanto venían a