La creciente pasión de Bailey excitó a Zoey.
—Eso es hacer trampa —le reprochó sin enojo, aunque siguió con la intensidad que ella quería. Sin embargo, ¿quién habría imaginado que todavía se guardaba una provocación irresistible?
—Haz que me venga ahora mismo y te dejaré hacer conmigo lo que quieras, ya sea por delante, por detrás o incluso por la boca... —suplicó Zoey.
La sola mención de su puerta de atrás bastó para que él acelerara. Aquella abertura le daba un placer comparable al que le daba