Al bajar del auto que había contratado para llevarla a casa, Zoey abrió el pequeño portón y entró. Entonces notó que Bailey llevaba ropa recién puesta, un conjunto muy distinto del traje con el que salió esa mañana. El detalle reavivó sus sospechas.
—¿Volviste temprano? —lo saludó con el tono dulce que tenía tan ensayado. Bailey le sonrió, ansioso y radiante; parecía demasiado eufórico para alguien que solo llevaba un día sin ver a su pareja.
—Cariño... ¿ya volviste? Dios, cómo te extrañé —murmu