En cuanto Bailey terminó de hablar, a Zoey le temblaron las piernas. No sabía si temblaba por la emoción que le provocaban las palabras obscenas de Bailey o porque quería probar algo mucho más salvaje que una mamada normal.
Las palabras obscenas de Bailey llevaron la lujuria de Zoey al límite. Sin esperar respuesta, Bailey tomó el control; solo le había avisado por cortesía.
Le sujetó la cabeza con firmeza y comenzó a penetrarle la boca despacio, como lo haría con su intimidad. Solo que esa vez