Bailey atrajo de un jalón el delicado cuerpo de Zoey contra su pecho. El grueso bulto de su miembro se restregó contra la intimidad de Zoey a través de la tela húmeda, una barrera endeble que no lograba ocultar el calor de su sexo, apretado e hinchado.
—Traviesa. —Ronroneó. Se inclinó y atrapó entre los dientes el provocador labio inferior de Zoey y lo mordió con suavidad.
Solo era ingeniosa cuando se trataba de atormentarlo.
—Yo no... —protestó en voz baja—. No estoy haciendo nada malo.
¿Cómo q