Dante no era un alfa por gusto. Su instinto era refinado y ahora que su esposo estaba enlazado con él ya se había dado cuenta de que algo estaba mal. Muy mal. Por eso, cuando su reina abrió la puerta del baño, él lo esperaba sentado en el borde de la cama, con su rostro serio y los brazos cruzados.
Quería saber qué era lo que molestaba a Lukyan y sería esa noche.
–No me gusta cómo me miras –Lukyan cerró la puerta detrás de su espalda.
Había escondido aquel conjunto en un lugar seguro porque sab