Mundo ficciónIniciar sesiónA pesar de estar sobre él, Dante recargaba la mayor parte de su peso sobre sus patas. El lobo bajo él estaba débil, delgado, casi como un pétalo de flor que podía marchitarse, aun así, luchaba e intentaba agarrarle alguna de sus extremidades y destrozarla. No parecía estar muy contento de estar en aquella posición. A Dante no le importó. Ahora necesitaba mantenerlo bajo control.
Bajó su morro hacia su cuello y lo olió, lamiendo hasta su oreja y dejando un apretón en el nacimiento de la







