Después de recuperar la vista se había percatado que la imagen que tenía en su cabeza, de lo que recordaba, no estaba distorsionada, más bien lo real superaba con creces la imagen en su mente. Con razón había quien se lo comía con los ojos. La belleza y lo sexual en su rostro estaba esculpido con el mejor cincel y aquellos labios con los que había tenido contacto estaban mucho más apetitosos de lo que se sentían. Por no mencionar lo que se marcaba del cuello hacia abajo.
-No te voy a mentir, te