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El grito de Lukyan hizo a Dante separarse un poco de él con el corazón latiéndole exaltado. Apenas si lo había tocado y solo besaba su cuello y había colado su mano por debajo de su túnica hacia el muslo.
-Lukyan, lo siento. No quería asustarte- se incorporó poniendo una distancia prudente.
-¿Asustarme? ¿De qué hablas Dante?- él lo miró levemente jadeando y el alfa se quedó







