Liam caminó sin prisa hacia la salida del parque, sin mirar atrás. No quería ver la cara de Ignacio. No quería sentir la lástima que empezaba a germinar en su pecho. La noche se cerraba a su alrededor, densa y fría, y las farolas proyectaban sombras que bailaban con el viento como espectros burlones. La mochila le pesaba en los hombros, aunque la tablet vacía apenas ocupaba espacio. El peso no era físico. Era otra cosa. Era la certeza de que acababa de tomar una decisión que marcaría el resto d