CAPÍTULO 51. La letra pequeña del contrato
CAPÍTULO 51. La letra pequeña del contrato
El silencio que siguió a la caída de Dorian fue breve, pero brutal. Apenas un par de segundos suspendidos en el aire, en los que nadie reaccionó, como si todos necesitaran confirmar que aquello estaba ocurriendo de verdad y no fuera una pesadilla colectiva. Luego, el caos estalló de golpe, rompiendo cualquier resto de solemnidad que quedara en la iglesia.
—¡Llamen a una ambulancia! —gritó Audrey, llevándose las manos a la cabeza mientras se arrodillaba con torpeza junto al cuerpo inmóvil—. ¡Rápido, por favor, alguien haga algo!
Sacó el teléfono con dedos temblorosos y empezó a hablar atropelladamente, dando la dirección de la iglesia, explicando que un hombre había colapsado en plena ceremonia. Su voz se quebraba a ratos, pero seguía hablando, como si dejar de hacerlo fuera peligroso, como si el simple hecho de mantenerse ocupada pudiera evitar lo inevitable.
Athena cayó de rodillas junto a su padre sin pensar en nada más. El vestido se arrugó