CAPÍTULO 36. Una noche de pesadillas
CAPÍTULO 36. Una noche de pesadillas
Athena no bajó la mirada. No esta vez. Había algo distinto en ella, una quietud tensa, como si por dentro todo estuviera ardiendo pero se negara a dar un paso atrás. Se quedó mirándolo fijamente, con los hombros rectos y el mentón en alto, aun cuando sentía el cansancio acumulado clavársele en el cuerpo.
—Es cierto —dijo, con la voz más firme de lo que se sentía por dentro—. Después de lo que me has hecho, no te creería nada.
Cassian no pareció sorprendido.