CAPÍTULO 31. Despertando con el enemigo
CAPÍTULO 31. Despertando con el enemigo
Athena permaneció de pie unos segundos, con las manos vendadas apretadas contra su pecho, como si ese gesto pudiera protegerla de algo invisible pero omnipresente. Sentía el corazón desacompasado, todavía acelerado por todo lo que había oído. Cassian seguía junto a la ventana, mirando la ciudad con los hombros tensos y el silencio entre ambos se volvió espeso.
—Fui al hospital —dijo ella al fin, rompiendo ese silencio con esfuerzo—. Solo quería ir a ver a mi padre.
Su voz sonó más firme de lo que se sentía por dentro, pero aun así tuvo que tragar saliva al terminar la frase. Cassian giró apenas la cabeza, lo justo para mirarla de perfil, sin abandonar del todo la ventana.
—No tienes permiso para salir de esta casa —respondió—. A menos que sea definitivamente, y ya sabes lo que sijgnifica eso.
La frase cayó como un peso muerto en el aire. Athena sintió que algo se le apretaba en el pecho, como si esas palabras cerraran una puerta que no había sab