CAPÍTULO 32. Una mansa paloma
CAPÍTULO 32. Una mansa paloma
Athena no se negó cuando Cassian le hizo un gesto hacia el baño. No porque estuviera de acuerdo, sino porque ya no tenía fuerzas para discutir ni para oponer resistencia a nada. Se metió en la ducha y dejó que el agua tibia le cayera encima, como si pudiera borrar, aunque fuera por un rato, todo lo que llevaba acumulado en el cuerpo y en la cabeza. Cerró los ojos y apoyó la frente contra los azulejos, respirando hondo, intentando convencerse de que aquello era solo